Lacados Metálicos
Cada proceso cuenta para un resultado perfecto
Cuando llegan las estructuras metálicas a nuestras instalaciones son necesarios una serie de pasos previos antes de llegar al proceso de lacado propiamente dicho.
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Desengrase y fosfatado
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Secado e imprimación
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Curado en horno
Desengrase y fosfatado
En nuestro proceso de tratamiento del metal, realizamos el desengrase como una etapa fundamental para preparar correctamente la superficie. Eliminamos aceites, grasas, polvo e impurezas mediante un desengrase alcalino por aspersión, logrando una limpieza profunda incluso en las zonas de difícil acceso.
A continuación, llevamos a cabo el fosfatado, un tratamiento químico que genera una capa protectora sobre el metal mediante soluciones de fosfatos. Este proceso mejora la resistencia del material y crea una base óptima para la aplicación de pintura, favoreciendo una mayor adherencia y durabilidad.
De este modo, dejamos las piezas perfectamente preparadas para un acabado final de alta calidad.
Secado e imprimación
Tras los tratamientos previos, secamos las piezas en horno para eliminar completamente la humedad, aplicando temperaturas de hasta 180 ºC durante el tiempo necesario según cada caso.
Este proceso garantiza una superficie en condiciones óptimas, evitando defectos y asegurando un acabado perfecto.
A continuación, aplicamos pintura en polvo mediante un sistema electrostático, que permite una cobertura uniforme incluso en zonas de difícil acceso. Durante el curado, la pintura forma una capa sólida, resistente y perfectamente adherida al metal.
El resultado es un recubrimiento de alta calidad, que protege frente a la corrosión y agentes externos, y ofrece un acabado duradero y estéticamente impecable.
Curado en horno
Una vez aplicada la pintura en polvo mediante sistema electrostático, introducimos las piezas en el horno de curado para completar el proceso de lacado.
En esta fase, las sometemos a temperaturas de alrededor de 200–220 ºC durante el tiempo necesario. El calor hace que la pintura se funda y se transforme en una capa continua, uniforme y perfectamente adherida al metal.
Este proceso es clave para garantizar un acabado de alta calidad, ya que proporciona al recubrimiento una gran resistencia, durabilidad y protección frente a la corrosión, la humedad, los rayos UV y el desgaste.
El resultado es una superficie con un acabado uniforme, resistente y de excelente apariencia.
Además, adaptamos el proceso según el tipo de pieza y su uso final (interior, exterior o ambientes exigentes), asegurando siempre el mejor rendimiento.
